Compasión
«Pero muchos que los vieron salir los reconocieron y, desde todos los poblados, corrieron por tierra hasta allá y llegaron antes que ellos. Cuando Jesús desembarcó y vio tanta gente, tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor. Así que comenzó a enseñarles muchas cosas.» Marcos
6:33-34
La
palabra compasión significa «sufrir
con el otro». En otras palabras, es tener empatía, es poder ponerse los zapatos
del otro (pero antes haberse sacado los propios). Compasión es alegrarse con los que están contentos y llorar con los
que están mal y no encuentran respuestas a lo que viven. Para lograr ser
compasivos es esencial tener un encuentro con los demás y conocer sus
necesidades. Dice el relato de hoy que Jesús, al observar a la gente, al
acercarse a ellos, al ver sus ojos pudo identificarse con sus carencias. Esta
identificación solo es posible en el encuentro con el otro.
Vivimos en una cultura de constante
desencuentro. Cada vez son menos las oportunidades que generamos para
encontrarnos cara a cara con los demás. Tenemos actividades, programas y
eventos, pero no necesariamente para conocernos y acercarnos más unos a otros.
Hay un desencuentro con la familia, con los amigos, etc.
La falta de relaciones interpersonales significativas puede llevarnos a una despersonalización
vivencial y religiosa, donde lo único que importe sea la liturgia y tener una
agenda cargada de eventos, pero no de relaciones que permitan el encuentro
saludable con el otro.
Jesús se acercó y se encontró con el
dolor de las personas. A este conocimiento del dolor del otro se lo llama
«actualización dolorosa» y se trata de conocer, investigar y responder al dolor
actual del otro. Si miramos a nuestro alrededor y pensamos qué le duele al otro
comenzaremos a transitar este camino que Jesús marcó a sus seguidores.
La compasión de Jesús tiene tres
tramos:
Contacto:
Jesús tuvo contacto con todas las personas. No solo con un grupo selecto o con
los que estaban de acuerdo con lo que Él decía o hacía. El desafío que nos
propone es tener la capacidad de estar en contacto con las personas más allá de
su religión, hábitos o forma de ver la vida.
Compasión:
se identificó con el dolor de los demás. Cuando nos identificamos con el dolor
del otro podemos mirar más allá de sus errores y comenzar a visualizar sus
heridas.
Corresponder:
no se quedó solo en el contacto y en la compasión, Él actuó. Se correspondió al dolor identificado. Jesús estaba más que
preparado para responder a las necesidades de las personas y también nos
desafía a que lo hagamos. Capacitémonos, conectémonos en red con profesionales,
busquemos recursos para imitar al Maestro y responder al dolor de las personas.



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